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Lunes 25 de Septiembre de 2017 - Edición Nº 4944
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SOCIEDAD
13-08-2017 08:00:00
EL TRABAJO HUMANIZA- Carta de monseñor Juan Rubén Martínez para el 19º domingo durante el año
Este domingo, rezamos en las misas especialmente por la democracia en nuestra Patria y las elecciones (P.A.S.O.) que hoy se desarrollan. Es necesario que junto con la oración que realizamos, tomemos cada vez más conciencia de la responsabilidad ciudadana que nos implica. Con nuestro voto, nos hacemos responsables no sólo del presente, sino también del futuro de nuestro país. En la oración por la Patria pediremos especialmente al Señor de la historia que «queremos ser Nación, una Nación cuya identidad sea la pasión por la verdad y el compromiso por el bien común».

 
 
El pasado 7 de agosto hemos celebrado a San Cayetano, un santo muy querido por nuestro pueblo. En distintos santuarios y comunidades de nuestra Patria la gente se acerca para implorar, agradecer y pedir por el pan, el trabajo y la paz. También en nuestra Diócesis celebramos esta fiesta en diversas comunidades. Aquí en Posadas al participar en esta celebración siempre me impresiona la fe sencilla, profunda y generosa de nuestro pueblo. En este domingo el Evangelio [Mt 14,22-33], nos trae un texto que se refiere a la necesidad de la fe. Pedro que caminaba sobre el agua probando al Señor, ante la violencia del viento sintió miedo y se empezó a hundir.

El Señor lo toma de la mano y le dice: «¡Hombre de poca fe! ¿Por qué has dudado?» [Mt 14,31].
Nuestra gente pide con fe sencilla expresando una sabiduría que no parte de estadísticas ni datos elaborados en gabinetes. Es bueno que ante esto podamos realizar una lectura de lo que ocurre el día de San Cayetano.

En nuestra América Latina, en nuestro país, en nuestra Provincia, la falta de trabajo estable y digno aún sigue siendo causa de pobreza y exclusión. Quiero subrayar algunos párrafos del documento de Aparecida que considero muy iluminadores de situaciones que nos deben preocupar y deberemos tener especialmente en cuenta si queremos encarar seriamente la palabra «inclusión» que hoy varios proclaman. Aparecida señala: «La población económicamente activa de la región está afectada por el subempleo y el desempleo, y casi la mitad está empleada en trabajo informal. El trabajo formal, por su parte, se ve sometido a la precariedad de las condiciones de empleo y a la presión constante de la subcontratación, lo que trae consigo salarios más bajos y desprotección en el campo de la seguridad social, no permitiendo a muchos el desarrollo de una vida digna. En este contexto, los sindicatos (cuando cumplen con su misión), pierden la posibilidad de defender los derechos de los trabajadores. Por otro lado, se pueden destacar fenómenos positivos y creativos para enfrentar esta situación de parte de los afectados, quienes vienen impulsando diversas experiencias, como por ejemplo, micro finanzas, economía local y solidaria, y comercio justo» [71].

La fragilidad laboral y el observar la fe de nuestro pueblo que expresa el pedido de trabajo y coloca el trabajo en una clave del problema económico y social, no es un tema nuevo en América Latina. El flagelo del neoliberalismo que acentúa la exclusión en el continente fue denunciado abundantemente por el Magisterio de la Iglesia en los años 90, aun cuando muchos que en la actualidad se presentan como sus enemigos, antes lo consentían. Hoy debemos señalar que este mal continúa. Lo percibimos en el caminar, escuchar y compartir con la gente. Es evidente la multiplicación de barrios en las grandes y no tan grandes ciudades de nuestra provincia. Cuando se pregunta a la gente de nuestros barrios de qué vive, las respuestas se reiteran, y notamos que viven de formas subsidiadas, de planes sociales con diversos nombres. Algunos tienen empleos dignos, pero son muchísimos los que llegan a fin de mes gracias a algunas changas, o bien, viven del trabajo temporal que da la obra pública y la construcción. Otros, que están desocupados, sobreviven con la solidaridad familiar y diversas maneras de ayudas mutuas.

La inclusión requerirá tener en cuenta aquello que señalaba san Juan Pablo II, en Laborem Excercens, un importante documento que recuerda que el trabajo es el que produce el capital y por lo tanto debe ser el motor de la producción y la economía. Crear trabajo y colocar a la persona en el centro del problema económico y social, será tener en cuenta el justo pedido de nuestra gente. El pedir trabajo, para tener el pan de cada día y vivir en paz.

En medio de esta realidad y queriendo tener esperanza, debemos señalar que en cada capilla de barrio, siguen resonando diversos problemas, cuando la gente se acerca con sus dolores de corazón y con sus sufrimientos. También se acerca la mendicidad y la pobreza que siempre desfiguran la dignidad humana y ponen al descubierto nuestras respuestas precarias. A San Cayetano, que fue un hombre solidario, queremos pedirle que interceda ante Dios por el trabajo, por el pan y por la paz en nuestras familias y en la sociedad.

¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas.
 
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