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OPINIÓN
08-04-2018 11:50:00
El castigo a Lula es un castigo al pueblo brasileño
Su persona está hoy atravesada por los más importantes debates del presente. Fue un modelo de sociedad, de un Brasil que intentaba integrar a los caídos y ubicarse en el mundo. Parte esencial de un grupo de países con voluntad de imponer otra visión del presente.

 
 
Un dirigente obrero que se integra con una burguesía productiva y logran juntos trascender. Arman empresas que se expanden imitando a los imperios, con la corrupción de todos, pero ellos sin el poder militar. Y desafían a la vieja oligarquía, esos que se conforman como los nuestros en parasitar la injusticia. Como los Estados Unidos ayer, más tarde los españoles con el cuento del Quinto Centenario o los chinos ahora, la dominación de las grandes empresas se hace siempre corrompiendo dirigencias. En la época de Carlos Menem fue España, en la de los Kirchner fue China, que como imperio comunista algunos imaginaban que tendría mejores modales. Absurdo pero real.

En un mundo donde el 1% de la población es más rica que el resto, las palabras "ética" y "corrupción" son hace tiempo parte de una lengua muerta. El juez Moro pertenece a una raza que prioriza la ética como cobertura de la injusticia. Son los elegantes, todos piensan igual, son gente que heredó lo que robó el abuelo, eso permite que los descendientes hablen de moral. Los decentes serían los herederos y los otros, depende de qué lado jueguen.

"Populismo" es el término inventado por los ricos para devaluar todo intento de pensar en la gente. Cierto es que muchos utilizan las ideas como simple cobertura de sus ambiciones económicas y autoritarias. Venezuela es un claro ejemplo de ello, pero en Bolivia Evo Morales es parte de los pueblos originarios y dueño de un talento de estadista que le permitió ser el más exitoso gobernante del continente. El Frente Amplio en Uruguay es otro ejemplo respetable. Los obsecuentes de los ricos no tienen en estos casos mucho por decir y ni los mencionan.

Ni hablar de China comunista, que maneja la competencia a su antojo y es hoy la experiencia más exitosa de la humanidad. Con ellos agoniza el cuento de que el éxito capitalista solo se produce en democracia.

Odebrecht fue para Brasil parecido al Quinto Centenario para España, una manera de salir a ocupar mercados, a desplegar una visión imperial sobre un espacio colonial. España estaba autorizada por los Estados Unidos, que se retiraban de algunos mercados; Brasil no lo tenía permitido, ni por el imperio que agoniza ni por sus ricos que parasitan la miseria. Ambos dieron un proceso de pureza que terminaba con los sueños de liderar un proyecto en el continente, eso que ahora molesta a Donald Trump de los chinos y que en ese caso su poder es impotente para limitar.

Los expertos como Jorge Castro o Rosendo Fraga le dieron al tema una profundidad que superó por lejos el fanatismo de la izquierda y el simplismo de los periodistas especializados en fútbol. La política no es un arte comprensible desde las leyes del deporte. Lula en nada se asemeja a Cristina, él es la expresión de la conciencia popular, de los humildes, como Perón y no de las clases medias de izquierda y los derechos humanos como los Kirchner.

Lula desnuda como nadie el cuento de ser una gran nación que repiten algunos como si eso fuera viable sin proyecto ni clase dirigente. Perón imponía el ABC. Argentina, Brasil y Chile, nuestra derecha con su partido militar generaba hipótesis de guerra con ambos países hermanos. A esa vieja dirigencia parasitaria —nuestra y de ellos— pertenecen estos jueces que les imponen su derecho a las mayorías. Moro es eso, un juez que les devuelve a los ricos su superior poder sobre los votantes, sobre la democracia. Lula es el pueblo, Moro es los ricos y esos que se apropiaron de todo se sienten agredidos por el poder de las multitudes. Atacan y degradan a "los populismos", ellos que pertenecen a la cultura de los mercados. No se animan a mencionar el "voto calificado" pero lo sueñan.

Lula expresaba la forma más digna de ser nación de Brasil, que nos incluía; ahora vienen con el cuento del mercado liberal, de los negocios, del ciudadano devaluado a consumidor.

Cuando los Estados son más fuertes que los capitales privados, hay nación; cuando esto se revierte, hay colonia. El juez Moro es la principal figura de un poder colonial. Y Lula, la expresión de un pueblo que quiere ser nación.

El enemigo de los pueblos no es el populismo ni siquiera el nefasto neoliberalismo, el enemigo real es la fractura de los pueblos, y Brasil y nosotros lo sufrimos.

Por Julio Bárbaro
 
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